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Know-how with no why; no more. (Angelo Bucci)

(Saber hacer sin saber por qué; nunca más)


Del original: “Know-how with no why; no more” de Angelo Bucci. Traducción Ricardo Sargiotti

Fuente: PLATFORM, UTSOA’s journal on the Poetics of Building

Guest editor Coleman Coker

Ruth Carter Stevenson Regents Chair in the Art of Architecture

The University of Texas at Austin

























Un instante


Me gustaría hablar sobre la arquitectura en un momento muy específico: ahora mismo. Es decir, arquitectura como acción. O mejor, como sugería Rafael Iglesia, arquitectura como verbo. En ese preciso instante en que pensamiento y acción se encuentran, tiempo y espacio parecen emparejarse, el mundo entero parece condensado en un punto al que convergen todos los precedentes y todo el conocimiento.

¿Cuál mundo ha sido condensado en ese tiempo? La pregunta es, al mismo tiempo, origen y destino para dicha acción.

Lo que sigue apunta específicamente a ese preciso momento, a ese instante, con la intención de delinear nuestro mundo actual.


Sobre proporción y balance


Las acciones operan en el espacio –de acuerdo a Milton Santos, famoso geógrafo brasilero– necesariamente en tres diferentes campos: normativo [o formal], técnico y simbólico; de aquí la pregunta: ¿estos tres campos, lo hacen equilibradamente? La respuesta es clara: no, de ninguna manera. Las cuestiones técnicas han sido hegemónicas sobre las normativas y en particular sobre las cuestiones simbólicas que son apenas consideradas, o completamente ignoradas.

Además, las acciones deben evocar un amplio rango de conocimiento para ser diseñadas –o imaginadas, o concebidas–; así, se puede plantear una pregunta similar: ¿fue ese rango correctamente considerado? Nuevamente, la respuesta es negativa. Cuando consideramos que dicho conocimiento llega de dos grandes fuentes y como resultado es organizado en dos grupos principales: ciencias humanas y ciencias naturales; las primeras desplegadas en historia, teoría, estética, ética, artes y otras más; mientras las segundas lo hacen en, física, y conocimientos de materiales, estructuras, ingenierías, técnica, construcción, etc. Sin dudas, las segundas ciencias han sido ampliamente hegemónicas sobre las primeras en las actuales acciones arquitectónicas.

Nada que oponer al conocimiento técnico y su campo, ni a cualquiera de sus subsidiarios, necesitamos evocar su conocimiento para engendrar nuestras acciones así como lo necesitamos para operar en el espacio. El llamado de atención aquí es el problema que resulta de la falta de proporciones entre los grupos de conocimiento y la relación desequilibrada entre esos tres campos en los que la acción toma lugar. No se trata aquí de renunciar a lo que hemos logrado sino de estar atentos a aquellas ramas del conocimiento a las que nos hemos habituado a subestimar.

Por esto es que a menudo sentimos que saber hacer sin saber por qué parece ser la ley suprema que guía nuestro proceso de diseño; que muchos recursos y falta de sentido parecen guiar nuestras acciones en el espacio. Experimentando esta sensación como evidencia de las fuerzas predominantes, nos damos cuenta que el mundo condensado en ese instante del tiempo es el del mundo técnico-científico.

El saber haceres la expresión de dicha hegemonía en la construcción, mientras el resto de los conocimientos que dejamos de lado representan la falta del por qué.

El problema es que la integridad de nuestra actividad en arquitectura está basada en una dualidad bien balanceada: cuerpo y alma, música y poesía, mente y materia, forma y función, teoría y práctica, pensamiento y acción, etcétera. Esta dualidad puede ser expresada de infinitas maneras. Así, la hegemonía de una de ellas transforma nuestra acción en una acción incompleta. La falta de proporción y equilibrio deforma el proceso de diseño y tiende a cancelar el efecto de una acción viva o innovativa. Por esto, no importa cómo o cuánto producimos, nada cambia.


El rol de la mirada poética


En este escenario, la mirada poética asume un rol notable. Es una herramienta que funciona en los tres campos: simbólico, normativo y técnico. Llena las ausencias y trae a la luz todo tipo de conocimiento silenciado por los poderes hegemónicos. La mirada poética recupera nuestra integridad. Al mismo tiempo, en un escenario desequilibrado como este, debemos prestar mayor atención para no exagerar nuestra ansiedadsobre el rol de la mirada poética en el proceso de diseño dándole una función pragmática.

Volvamos al instante del proceso de diseño en que uno propone (engendra) acciones. Es un proceso porque es una secuencia consecutiva de decisiones. ¿Qué guía nuestro proceso? Estándares éticos, principios estéticos y criterios de belleza, o esencialmente aquello que parece resumir todos los elementos: la mirada poética. ¿Cómo asegurar una mirada viva e innovativa al proceso? Nuevamente llegaremos a la misma respuesta: la mirada poética. Porque es trabajando al límite del lenguaje que podemos alcanzar nuevas configuraciones, que podemos llegar a soluciones desconocidas hasta ese momento. Quiero decir innovación, no novedad.

Más allá de esto, una mirada poética nos permite vincular cosas de manera significativa. Es claro que cada pieza de cada fragmento existente en el mundo es parte un todo estético. La mirada poética, y la estética como ciencia no tienen sustitutos para el proceso infinito de reconstrucción del todo.


La mirada poética y su estructura en el proceso de diseño


En una estrategia poética existe una clara estructura que guía el proceso. Estructura nuestro pensamiento y juega un rol crucial como guía para las sucesivas elecciones que demanda el proceso de diseño. Dicha estructura sostiene criterios estéticos. Es, al mismo tiempo, lo suficientemente definida para guiarnos por una clara dirección y lo suficientemente abierta para no restringirnos ni adelantar el resultado. Al mismo tiempo, confiable e intangible. Es la manera más poderosa para poner en una relación consistente todos los fragmentos o elementos que aparecen durante el proceso. Es la única ligazón posible para relacionar elementos inconexos que llegan de diferentes demandas y miradas incluidas en el proceso de diseño.

Subestimar esta estructura, como hemos visto, produce pérdidas que no pueden ser reemplazadas por ninguna otra mirada.


Una palabra como clave


Evidentemente, como sabemos, el mundo concentrado en ese instante, corresponde al mundo técnico-científico de manera hegemónica, que se sobrepone a todo otro campo de conocimiento. De esto se desprende un pregunta: ¿Cómo lograr un balance en el conocimiento evocado por el proceso de diseño? ¿Cómo recobrar la integridad de nuestra actividad, cómo conectar nuevamente, en ese tiempo, aquellos dos grupos principales del conocimiento, las ciencias naturales y la humanas?

La respuesta no tiene ningún secreto. Fue concebida hace mucho tiempo y acuñada en una sola palabra. Una palabra compuesta creada precisamente para demostrar cómo aquellos dos tipos de conocimiento deben convivir: palabras y números, poesía y física, arte y técnica, teoría y práctica, pensamiento y acción, ciencias humanas y ciencias naturales. La dualidad en que descansa nuestra integridad es la misma dualidad que una vez combinada compone esta palabra, una combinación imposible de sustituir.

Una palabra que debe ser honorada, de otra manera, según Renato Rizzi, estaríamos renunciando al título de nuestra actividad cotidiana.

Breve y concisa, así la respuesta está toda condensada en una sola palabra que guía nuestro saber hacer y nuestro por qué hacia una acción llena de significado poético, esta palabra clave es tan obvia que, a veces, nos cuesta ver:

Arqui(con)tectura

Archi[witht]tecture



(Imagen: Gerhard Richter. Anunciation after Titian, 1973.)

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