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El Oportuno Rafael Iglesia


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(Artículo escrito para la Revista Bamboo 22, San Pablo, Marzo 2013)

‘Viento que sopla hacia el puerto’ es la expresión latina de la que deriva el adjetivo ‘oportuno’, aquello que sucede cuando necesitamos y que, según la RAE, es adecuado y ventajoso. La obra de R.I. tiene todas las cualidades de aquel viento, ya imperceptible en el significado actual de la palabra, llega en el momento preciso, o sea cuando menos lo esperamos, para despertarnos de algún letargo que seguramente no nos llevaba a buen puerto.

Mucho se conoce ya de la obra de R.I. y ricos ensayos y críticas la han seguido, hecho que me exime de explayarme en su descripción y poder concentrar este breve texto en su condición referencial para nuestro medio. Veamos entonces tres momentos o mejor, movimientos, en que la certeza de cada uno nos lleva a pensar en el ‘oportuno’ R.I.

Primer movimiento: cuando el problema es la solución

Apenas comenzaron a conocerse las obras ‘pos 40’[1] de R.I. tanto en las escuelas de arquitectura como en la discusiones de los cenáculos arquitectónicos argentinos se debatía todavía entre el ‘Programa’ y la ‘estética adherida’. No tan lentamente, los temas fueron virando hacia la construcción, las posibilidades estructurales, los planteos inesperados ante temas con solución esperada, la originalidad en cuanto origen, lo geográfico y lo histórico… temas que fueron ocupando el espacio de aquellas discusiones vacías y extemporáneas y, como pocas veces había ocurrido, ese nuevo aire refrescante no venía empaquetado en un estilo, un sistema y, mucho menos en una fórmula. Las obras de R.I. demostraban, en cada aparición que todavía era posible cuestionar las recetas (modernas o posmodernas) y actuar con la valentía de un niño y la ingenuidad de un profesional, repitiendo incansablemente que la solución está en el problema.

Segundo movimiento: entre Borges y Loos

Del mismo modo que en sus obras construidas, en sus textos/ensayos, que comenzaron divulgándose vía correo electrónico entre sus amigos y culminaron en medios de comunicación masiva, el pensamiento de R.I., incómodo y políticamente incorrecto, volvió a pegar oportunamente al cómodo ámbito de los arquitectos, y ese segundo R.I., el lector fanático de Borges, incitó a los arquitectos a ocuparse y mirar a su alrededor. Temas como la ciudad, el ciudadano, la economía o la globalización, y hasta el futuro “que ya no es el mismo” se introdujeron en una agenda atiborrada de eufemismos decorativos, tan cómoda a quienes deseaban eludir sus responsabilidades. Con una prosa más cercana a Fontanarrosa[2] que a cualquier conspícuo erudito, R.I. tomó la posta que Adolf Loos había dejado en sus escritos de la Viena de comienzos del siglo XX.

Tercer movimiento: más valen cien pájaros volando

La certeza y el timing necesarios a la oportunidad, (muy diferente a oportunismo, adjetivo donde la ética está ausente), no termina ahí. Su modo de trabajo, diseñando, construyendo o escribiendo, pone en claro la gran diferencia entre experimentación e investigación. Precisamente en un momento donde las escuelas de arquitectura ‘invitan’ (entiéndase, obligan) a la investigación a sus docentes, encerrándolos en claustros científicos y pocas veces útiles, R.I. demuestra que el proceder arquitectónico, aquel que da valor al hacer radica en la experimentación, en el riesgo de caminar caminos no señalados, más cercano a aquella mezcla de artista-científico-constructor que pudo dar solución a la cúpula de Santa María dei Fiore que al pasivo investigador forzado.

Finalmente, R.I. indica en cada acto que no está todo dicho y, mucho menos, hecho. Que el arquitecto tiene delante de sí una infinidad de desafíos entre los cuales el no menor de alertar a la sociedad. Al decir de Karl Kraus ‘el arte sirve para limpiar los ojos’. En tal caso, R.I. es un colirio de gran ayuda, con o sin prescripción médica.

Ricardo Sargiotti

Enero 2013 / Mayo 2014

[1] Se refiere a las obras y proyectos realizados luego de sus cuarenta años de edad

[2] Roberto Fontanarrosa, escritor argentino, famoso por su sensibilidad a los temas cotidianos, de origen ‘puramente’ rosarino

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