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What if… (Qué tal si…)

Sobre las otras vidas de un edificio





Casi ningún edificio se adapta bien (no son diseñados, presupuestados,

construidos, administrados ni mantenidos para hacerlo).

Pero los edificios se adaptan de cualquier manera[1].


- “¿Qué hace que un edificio llegue a ser amado?”

- “Su edad”[2]


“Todo edificio es contemporáneo”

Enric Miralles



¿Qué tal si viéramos hoy un Coliseo romano con talleres y comercios en sus plantas bajas y residencias para los artesanos en las superiores? Si bien puede parecer una broma de mal gusto para nuestra generación de turistas insobornables, no lo vemos así, sólo porque al papa Sixto V se le acabó el tiempo. Es cierto, hoy veríamos esa “rehabilitación” con la admiración en que miramos las antigüedades también, ya que habría sido hecha mucho tiempo atrás, hacia fines del S.XVI.


Esta disyuntiva (¿moral?) frente a las intervenciones sobre obras existentes parece diluirse cuando la última fue hecha lejos de nuestros tiempos. Así el palimpsesto de usos, modificaciones o destrucciones que ocultan la mayoría de las obras más admiradas y visitadas del mundo, sea el Partenón o una iglesia francesa de la que vemos su última adaptación, no dejan de ser una demostración de que, a veces, la necesidad de adaptar los edificios a su tiempo fue la única manera de llegaran, sanos y salvos, a nosotros.

Volviendo a nuestro tiempo, de cambios imprevisibles y veloces, de evanescencia en los afectos y las posesiones, una nueva mirada al patrimonio construido[3], hecho de construcciones industriales, administrativas o residenciales en desuso, podría resultar un bálsamo, en la medida que lo consideremos vivo y resiliente.



Ricardo Sargiotti


[1] Stewart Brand. How buildings learn. 1994 [2] IBID

[3] No se habla aquí en el sentido de “Patrimonio” que usan especialistas en Preservación o profesores de historia de la arquitectura. Más bien se refiere al Patrimonio entendido como bien patrimonial y, porqué no, sentimental.

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